¿Qué es re Turbio en Argentina?

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La lamprea argentina, clasificada como Petromyzon macrostomus Burmeister, 1868 fue descrita por primera vez en 1867 en el Río de la Plata, en Buenos Aires, Argentina, y posteriormente registrada en varios ríos de la Patagonia. Desde su descripción original, la validez de P. macrostomus fue cuestionada por varios ictiólogos y 36 años después de su descubrimiento original fue considerado un sinónimo junior de Geotria australis Gray, 1851. Durante mucho tiempo, el estatus taxonómico de G. australis ha sido incierto, en gran parte debido a las malas interpretaciones de las alteraciones morfológicas que se producen durante la maduración sexual, incluyendo la disposición de los dientes, el tamaño y la posición de las aletas y la cloaca, y el desarrollo de una bolsa gular excepcionalmente grande en los machos. En este estudio, se evaluó el estatus taxonómico de Geotria en todo el rango de "especies" utilizando tanto análisis moleculares como el examen de las características morfológicas.

Se utilizaron análisis filogenéticos y de delimitación de especies basados en secuencias de ADN mitocondrial de los genes citocromo b (Cyt b) y citocromo C oxidasa subunidad 1 (COI), junto con análisis morfológicos de caracteres diagnósticos recogidos en las descripciones originales de las especies, para evaluar la variación genética y morfológica dentro de Geotria y determinar el estatus específico de la lamprea argentina. Estos análisis revelaron que la Geotria argentina constituye un linaje bien diferenciado de las poblaciones chilenas y australasianas. La posición de la cloaca y la distancia entre la segunda aleta dorsal y la caudal en individuos subadultos, y en etapas vitales anteriores, pueden utilizarse para distinguir entre las dos especies. Además, la distancia genética entre G. macrostoma y G. australis para los genes mitocondriales COI y Cyt b es mayor que las distancias intra e interespecíficas comunicadas para otros Petromyzontiformes.

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La construcción de la central suscitó la oposición inicial de grupos ecologistas como Greenpeace, que consideraba Río Turbio un elemento clave en el plan del Gobierno argentino de aumentar la electricidad generada con carbón del 0,5% al 4% del mercado nacional para 2025[1]. En febrero de 2014, la construcción de la central, valorada en 350 millones de dólares, estaba terminada en un 90%, y las pruebas de generación estaban previstas para diciembre. La empresa minera estatal YCRT esperaba disponer de reservas de carbón para dos años antes de la inauguración de la central. Cuando entrara en funcionamiento, iba a ser la primera central eléctrica de Argentina alimentada al 100% con carbón[2].

En octubre de 2014, la organización de periodistas independientes OPI Santa Cruz informó que la nueva central probablemente no entraría en funcionamiento el 4 de diciembre[3] Ese mismo mes, Clarín sugirió que la central no estaría operativa hasta 2015 e informó que la mina de Río Turbio solo estaba produciendo el 16% del carbón necesario para el funcionamiento de la nueva central (19.008 toneladas por mes frente a las 112.320 toneladas necesarias). El artículo de Clarín señaló además que la producción de carbón de la mina en realidad disminuyó 3% entre 2004 y 2014, a pesar de que la mano de obra se había triplicado de 994 a 2941 empleados[4].

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La escasez de energía durante la Segunda Guerra Mundial llevó a Argentina a explotar las reservas de carbón cercanas a Río Turbio, en la provincia meridional de Santa Cruz[1]. La mina de Río Turbio comenzó a funcionar en 1943[2], bajo los auspicios de la División de Carbón Mineral de YPF, la agencia minera nacional de Argentina. Las operaciones en Río Turbio continuaron creciendo durante la década siguiente, con la expansión de la propia mina, el desarrollo de una planta de procesamiento de carbón y la construcción de una línea de tren para transportar el carbón desde Río Turbio hasta Río Gallegos, desde donde se embarcaba por la costa hasta el Puerto de Buenos Aires[1].

En 1994 YCF fue privatizada y pasó a llamarse YCRT (Yacimientos Carboníferos Río Turbio, S.A.). Entre 1994 y 2002, esta nueva entidad fue propiedad y estuvo operada por el grupo Taselli, un conglomerado de empresas que llegó a incluir Aceros Zapla, Materfer, Massey Fergusson y los Ferrocarriles Metropolitanos de Argentina[3].

En virtud del acuerdo de privatización de 1994, YCRT iba a recibir un subsidio estatal de 22,5 millones de pesos durante 10 años y un contrato para suministrar carbón a la central térmica de San Nicolás, propiedad de la empresa energética norteamericana AES. El acuerdo estipulaba que AES pagaría por el carbón de Río Turbio un 20% más que las tarifas vigentes en el mercado. Aun así, el grupo Taselli no cumplió con las cuotas mínimas de producción e inversión, redujo personal y transfirió maquinaria a otras empresas de su propiedad[3].

Re turbio

El punto más bajo en la historia de Río Turbio es sin duda la "tragedia" de 2004, cuando catorce mineros perdieron la vida durante un derrumbe en una de las minas. Utilizo las comillas no porque piense que no fue un suceso trágico, sino porque en muchos sentidos la muerte de estos catorce hombres fue la conclusión lógica de años de negligencia, represión sindical y falta de inversión por parte de los nuevos propietarios, una serie de prácticas poco comunes tras la privatización[3].

Río Turbio es una película inquietante y formalmente sofisticada que -a riesgo de caer aquí en una contradicción- es bastante transparente. Todo está ahí afuera, sin importar el ornamento; o tal vez porque el ornamento no logra ocultar aquello que es demasiado fuerte como para mantenerse oculto. Mensajes de WhatsApp, grabaciones de voz, sonidos industriales y de drones, mapas y planos geológicos y mineros, viejas cintas familiares de VHS y Super 8 y material rodado a propósito, se unen para ofrecer una historia que, al igual que 4'33'' de John Cage, utiliza el silencio como medio. Las voces femeninas, en su mayoría sin rostro, que hablan, lo hacen como una tos en una sala de conciertos en un momento en el que no suena ningún instrumento. Y no necesitan seguir una línea narrativa restrictiva para contar sus historias: si la cacofonía de voces parece confusa al principio, todo encaja a su debido tiempo.

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